Cómo vestirse para cada ocasión
No hago leña de ningún árbol caído (qué frase tan horrible: habría que eliminar las quince primeras que le salen a uno cuando se pone a escribir, pero hoy estoy vaga, lo siento). Los manuales de estilo que proliferan por todas partes te dicen cómo ir a una boda, a un funeral, a una cena de gala, a una pedida de mano, a un viaje de trabajo...en fin, menudencias de las que vamos saliendo airosas sin leer ningún libro.
Pero ¿qué te pones si la policía llama a tu puerta para llevarte a la comisaría a eso de las 10,30 de la noche? Isabel Pantoja pidió unos minutos para arreglarse y hizo requetebién. Está claro, no es un cóctel, ni siquiera una copa informal. Hay que descartar, por tanto, vestidos, accesorios, taconazo. Tampoco es una cena improvisada, en la que cada uno lleva algo. Olvídate de meter la tortilla en el tupper, tampoco están indicados los leggings negros, ni el top de Zara.¡Cielos! uno va a la comisaría, pero todavía no hay juez. Está el comisario, y, a dos pasos, los calabozos. Nada en el ambiente, ni la iluminación, te favorece. Piensa en el neón, piensa en la humedad, piensa en estancias oscuras, grisáceas, en ruidos metálicos. Pero tampoco te pases, no es el despacho del sheriff, no es el Far West, donde acudiría en tu ayuda el mismísimo Ralph Lauren. ¿Qué se pone la gente en un caso así? Te doy un consejo (y me lo doy yo): como un día normalito de oficina. Algo que no distraiga, colores superneutros a tono con el entorno, mejor pantalones, una chaqueta, una camisa debajo. Zapato cómodo. Tampoco deportivas, ni tejanos, ni se te ocurra un chándal, todo se asemeja al uniforme de presidiario. Por supuesto, tu reloj de chica buena, un maxi bolso anónimo, para tus cosas, el móvil. Llévate un bolígrafo Bic para el interrogatorio: a Rajoy le dio buen resultado entre las manos. El pelo limpio y con una coleta, no demasiado alta. Nada de marcas ostentosas. Ni una joya, es lo peor.
Otra de la que se puede aprender mucho en caso de juicios: Paris Hilton ha sido condenada a 45 días de prisión por un tribunal de los Ángeles por haber violado los términos de su libertad condicional, impuesta por conducir en estado de embriaguez y sin carné. ¿Cómo acudió la rica heredera y sin embargo, culpable? Ella necesitaba algo a lo que aferrarse, un detalle nimio, que le aportase confianza y seguridad. Y eligió la máscara de pestañas. Nadie en su sano juicio va con esa triple capa, bien distribuida, sí, pero espesa. Por lo demás, buscó algo serio en su armario, algo ?como de madre?, debió pensar y optó por la camisa blanca, chaqueta de rayas gris, el bolso clásico de Chanel y sus gafas de sol, para ocultar las posibles lágrimas. El pelo hiperoxigenado y recogido, y, además, con diadema de pasta, que aporta cierto toque de inocencia.
También hemos visto una situación muy nueva, resuelta con gracia y estilo: la de encadenada. Carmen Cervera ya va cogiéndole gusto al eslabón perdido y lo enrosca al cuerpo: ora a un plátano, otrora a un castaño. La cadena, que yo imagino de Leroy Merlín, parece clásica, funcional, sencilla. No debe pesar mucho. Para atarse a un árbol y permanecer en esa posición hay que tener un punto: ni forzado, ni liviano; no puedes parecer una cría jugando a los indios, pero tampoco un condenado. La cosa es una metáfora: tú quieres a los árboles, estás dispuesta a que tu suerte corra pareja a la de ellos. Pero nadie se lo va a creer, así que elige bien la ropa. Algo ligero, fibra natural, transpirable, porque hace ya calor y, encima hay que gritar, qué digo gritar: desgañitarse. Tita Cervera se pone ropa holgada, pantalones de lino, camisola del mismo material, todo en tonos clarísimos, como de Monet. La luz impresionista se cuela entre las hojas, y, si te aplicas maquillaje, que sea muy leve, sólo brillo en los labios, para tener buena cara. Ella no olvida nunca que es una baronesa, muy ecologista, muy guay, pelín castiza y , eso sí, encadenada.
Otro momento difícil, el de perdedora, de Sègoléne Royal: reunión con los barones de su partido, al día siguiente de perder las elecciones. Y la traigo a colación porque muchas políticas tendrán lo suyo el 28, 29 de mayo. Sègoléne me parece guapísima, esos pómulos, la dulce sonrisa, casi siempre de blanco. El día después era muy aciago, lucía melenita, pero nada de brushing. Escogió una chaqueta oscura, pashmina fucsia (buen accesorio para malos momentos) y andares de pajarito herido compatibles con zapato plano, no bailarina. A saber qué le decían los pesos pesados de su partido. Sonrió a la prensa sin máscara de pestañas, sin colorete, ¿para qué? ¡se los iban a subir! Aún así estaba bellísima, cercana en su fragilidad, serena aún en los peores momentos.
Y, para no extenderme, añado otro, el de ?cumpliendo mi condena by Naomi Campbell?, porque lo está publicando en primera persona en la revista americana W. La chica se ha pasado cinco días barriendo en un edificio de Nueva York. Sólo disponemos de fotos de Naomi acudiendo a diario a su trabajo social. Unas veces llevaba cazadora de John Galliano y botas de Gucci. Otras, jeans de Golce&Gabbana y bolso de Marc Jacobs. Suponemos que, en su taquilla, dispondría de uniforme laboral, de zapatillas cómodas, de una hermosa y radiante escoba. Pero, ¿continúan utilizando escoba en Manhatan? ¿No habrán pasado a vaporettas de enésima generación? ?He reflexionado mucho. Encontré la paz barriendo?, ha escrito en su diario. Pues ese es un filón, mi niña. Cinco días con el palo y dándole al coco y los que llevan así toda la vida, sólo han pillado alergia a los ácaros. |