¿Para qué el Tarot? Parece que la pretensión más común es la de adivinar el futuro según las cartas que aparezcan en una determinada tirada así como su posición. De acuerdo con esta versión, el mundo estaría totalmente predeterminado y nada podría hacerse para modificarlo. Entonces, la pregunta inmediata que surge (al menos para mí) es la siguiente: ¿Para qué necesitamos el Tarot? ¿Para conocer por adelantado las fortunas o desgracias que nos tiene reservada la vida? ¿Para sufrir doblemente ante la adversidad anunciada? ¿Para aminorar el gozo de la dicha ya conocida? Esto no me parece a mí que tenga demasiado sentido; incluso creo que uno de los motivos que hace a muchas personas inhibirse del acercamiento al Tarot es precisamente este mismo pensamiento. Entonces, vuelve a resonar con más fuerza la pregunta: ¿Para qué el Tarot? Yo lo contemplo como una ayuda de gran valor para quienes vivimos en un mundo libre (dentro de los límites de nuestra propia naturaleza, obviamente) en el que nuestro poder de elección puede ser decisivo para vivir una vida más plena. Las cartas son una ayuda pero no un sustituto para la vida y para la toma de decisiones. Es verdad que existe mucho miedo en muchas personas ante esta técnica. El miedo creo que obedece a dos factores. Uno de los motivos de miedo es esa creencia en un destino prefijado del que uno no puede escapar, haga lo que haga. Así es muy lógico que no se desee, en muchas ocasiones, conocer las respuestas ya que, según esta teoría, nada podría hacerse para detener determinados procesos. Como ya he dicho, no es esa mi visión de la vida. Sí creo que tenemos unos objetivos a conseguir, marcados de antemano, pero también tenemos la gracia de la creación, de la innovación, y de alcanzar las metas propuestas por múltiples vías. Así el Tarot se vuelve una gran ayuda para reconocer los más sabios, los más éticos y mejores caminos de vida. Y aquí enlazo con el segundo miedo a las Cartas. Desgraciadamente, a lo largo de la historia cualquier medio que resulte de una visión libre (no sometida a rígidas estructuras de dominio o de poder) suele ser muy criticada, y el Tarot no podía serlo menos. Parece cierto que se han tenido que cometer muchos abusos por parte de quienes interpretan el significado de las Cartas; pero eso no debería llevar a la conclusión de que las Cartas en sí mismas son maléficas, o que todos los tarotistas somos malevolos. Yo tengo muy claro a quién pido ayuda cuando las utilizo; pero, por mucho que duela, parece más fácil creer en el poder del mal que en el del bien, y por eso son muchos los que asocian estas prácticas con lo malévolo. Para no caer en incoherencias, me gustaría decir que si creemos en un Dios Todopoderoso y Bueno, pensar que quien busca el bien va a encontrarse con el mal resulta bastante absurdo. Me gustaría ahondar en este tema que considero de gran importancia. Son muchas las personas que piensan que el Tarot y la Religión son elementos absolutamente extraños e incluso enemigos entre si. Supongo que cada uno tendrá sus razones para pensar esto; sin embargo, yo tengo mis razones para sostener lo contrario. Vayamos por partes. Con las Cartas no se pretende la infalibilidad, ni mucho menos, sino un consejo muy maduro para personas maduras que desean mejorar y que ven en este sistema una forma de lograrlo. No se trata ni del único sistema, ni del mejor, puesto que el mejor es el que responda con la verdad a cada uno. Existe, por supuesto, un enorme riesgo y es: la manipulación, ya sea del tarotista como del consultante, pues muchas veces uno más que la verdad persigue engañarse; pero eso es un peligro en cualquier campo y no sólo en el Tarot. Por otra parte, algunos (o muchos) identifican Tarot con Brujería (que son dos cosas totalmente independientes una de la otra). Supongo que, como cualquier cosa en la vida, podrían estar asociadas, pero, como siempre, de lo que se trata es del uso que se dé al Tarot o a la Brujería, más que de éstas en sí mismas. En primer lugar me gustaría decir qué entiendo por Brujería. Yo creo que la Brujería lo que pretende es manipular elementos para que éstos obren de una manera acorde a nuestro sentir, logrando así el objetivo anhelado. Y con este tipo de manipulación se puede obtener tanto beneficios nobles para la persona en cuestión como malévolos. Yo, al Tarot pretendo además de encontrar naturalmente el camino mas sano y beneficioso para el consultante, también resulta ser una guía orientativa de los elementos a manipular mediante la Brujería para beneficio de la persona. A mí me gusta tanto la Brujería como la orientación del Tarot para que el consultante logre su propio destino (ya que ese es el objetivo de de cada uno de nosotros). Y esto me conduce al segundo punto que me gustaría destacar: los creyentes (entre los cuales me incluyo) deberían considerar el poder de Dios por encima de todo. Es decir, nadie puede estar por encima de Él (ni siquiera nosotros, los brujos, religiosos, esotéricos, espiritualistas); por tanto, los elementos manipulados no pueden obrar de acuerdo con el deseo de alguien en particular si Él no lo permite. ¿Es esto tan difícil de entender? Pues para algunos he visto que sí. Yo hablo de ayuda, de entendimiento, de comprensión, y yo hablo, por supuesto, de búsqueda de buenas soluciones para cada quien, y eso no creo que sea nada malo en sí mismo. Puesto que soy creyente, creo (o contemplo como una realidad más que plausible) que Dios y los Orixas existen y que tenemos múltiples maneras de comunicarnos con ellos (la existencia en sí, ya es una de esas maneras); y, por tanto, el Tarot no es algo que se aparte de esta idea. Erika de Oxum
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