Oh! Dulce, suave y querida Mãe Yemoja vos permitiste que en el seno de tu morada se formasen las primitivas formas de vida, que fueran la cuna de toda la creación, de toda la naturaleza y de toda la humanidad, acepta nuestro pedido de reconocimiento y amor. Oh! Visión Divina y Celestial que los rayos que emanan de tu diáfano manto de estrellas vengan, como bendiciones espirituales, a aliviar nuestros males, curar a los enfermos, apaciguar a nuestros hermanos airados, consolar los corazones afligidos. Que las flores y ofrendas que depositamos en tu alfombra sagrada, sean por vos aceptadas y que cuando entremos en las aguas para afrecértelas, sean las olas del mar portadoras de tus fluídos divinos. Haz, señora Reina de las Aguas, con que la espuma de las olas en su blancura inmaculada nos traiga la presencia de Oxala y limpie nuestros corazones de todas las maldades. Que nuestros cuerpos, tocados por tus aguas sagradas, se libren en cada ola que pasa de todos los males materiales y espirituales. Que la primer ola al tocarnos aparte de nuestras mentes todos los deseos de venganza. Que la segunda ola lave nuestros corazones y nuestro espíritu, para que no nos alcancen las infamias y los malos deseos de nuestros enemigos. Que la tercera ola aparte la vanidad de nuestros corazones. Que la cuarta ola lave nuestro cuerpo de todos los males y enfermedades físicas, para que, sanos, podamos proseguir. Que la quinta ola aparte de nuestra mente la ganancia y la codicia. Que la sexta ola venga cargada de flores y que nuestro mayor deseo sea el de cultivar el amor fraternal que debe existir entre todos los hombres. Y que al pasar la septima ola, nosotros, puros y limpios de mente, cuerpo y alma, podamos ver, aunque por apenas algunos segundos, el esplendor de tu radiante imagen, es lo que humildemente te suplican los hijos de Umbanda. |