
El perro no es un ser humano. Por lo tanto, no es bueno para su organismo que coma "como sus amos". Lo mismo se aplica a su comportamiento alimentario. Su ración ideal se compone de proteínas (carne, pescado, huevos), fibras (verduras), grasas (vegetales y animales), minerales y vitaminas. Para establecer la proporción de estos diferentes elementos en su dieta se deben tomar en cuenta:
? el tamaño del perro (no se puede alimentar de la misma manera a un Chihuahua de 2 kg que a un San Bernardo de 80 kg);
? su estado fisiológico (el crecimiento, la gestación, la lactancia, la actividad y el envejecimiento son estados que modifican sus necesidades alimenticias);
? su estado de salud (en muchos casos, la dietética se ha vuelto un aspecto importante del tratamiento médico de las enfermedades).
Se trate de alimentos preparados para perros (croquetas, conservas, etc.) o de raciones caseras, es esencial ser riguroso en la elección del alimento industrial o en las proporciones de las materias primas caseras. También es importante distribuir bien la o las comidas (según el caso) a lo largo del día. Tampoco hay que olvidar que no se debe variar la alimentación de un perro para no perturbar su flora intestinal, más frágil que la del hombre. Por último, hay que tener siempre presente que la dieta debe cubrir todas las necesidades del animal, sin carencias ni excesos, con el fin de asegurarle un buen estado físico y vitalidad durante toda su vida. UNA ALIMENTACIÓN CORRECTA Gracias a la investigación científica el concepto tradicional de nutrición ? construir y mantener el organismo, y proporcionarle energía ? está evolucionando para integrar el aspecto preventivo. Esto ha dado origen al concepto de nutrición/salud. Así, la nutrición responde a tres objetivos: 1. Construir y mantener: se trata de la función de las proteínas, los minerales, los oligoelementos y las vitaminas. 2. Proporcionar energía: es la función de los lípidos y los glúcidos. 3. Prevenir: gracias a un buen conocimiento y a una adecuada utilización en la dieta de ciertos nutrientes. Estos nutrientes contribuyen, por ejemplo, a la prevención de los riesgos de afecciones renales y de trastornos digestivos y óseos, así como a la lucha contra los mecanismos del envejecimiento. El hombre, responsable de la domesticación del perro, tiene el deber de alimentarlo según las necesidades específicas del mismo y no en función de sus propias proyecciones humanas. Esta es la regla número uno del verdadero respeto por el animal.
El agua: el más esencial de todos estos nutrientes
Mencionar el agua como nutriente puede parecer inútil. Pero hay que tener presente que si bien un organismo puede permanecer semanas sin comer, no puede pasar más de tres días sin beber. Los dos tercios del cuerpo de un perro están constituidos por agua y todos sus tejidos están impregnados de la misma; por ejemplo, el agua representa el 80% del peso de un músculo. El organismo de un perro puede perder todas sus grasas y la mitad de sus proteínas, y aún seguir con vida, pero la perdida de sólo el 10% del agua de constitución corporal le ocasiona la muerte. Las funciones del agua son tan numerosas y tan importantes que es el nutriente más esencial para el perro, al igual que para cualquier otro ser vivo. Las necesidades hídricas diarias del perro son de aproximadamente 60 ml por kilo de peso corporal (con variaciones a veces importantes, ya que por ejemplo, aumentan con la temperatura ambiente, las actividades deportivas, la gestación y la lactación).
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