Todo lo ruso posee una extraña fascinación. En las artesanías en madera se evidencia la gran dosis de fantasía que acompaña al ruso desde tiempos inmemoriales....El Oriente con su misterio pone pinceladas de contrastes vívidos en los que abunda el oro, el rojo y el negro de la pintura jojlomá; el Occidente supo hacer delicadas filigranas y nomeolvides en la porcelana de Rostov...Las joyas de los huevos de Pascua hechos por Fabergé para la Zarina Alejandra seguramente no estaban en los huevos de madera que se regalaban los humildes en la Rusia zarista, pero estaban la pintura fantasiosa y el tallado fino para embellecer esa promesa ortodoxa de resurrección... No obstante,lo que más nos gusta a las mujeres, es la matroshku, esa muñequita que es una cajita de sorpresas donde, encastradas una dentro de otra, hallamos más y más muñecas hasta llegar a una microscópica, sólo posible de ser pintada con lupa.
En Rusia, el artista las talla y pinta, con lacas especiales, fabricándose sus propios pinceles con pelo de ardilla.En nuestra Argentina, la madera de la auténtica matroshku se puede rajar por el calor excesivo, desconocido para el árbol del cual se extrae la talla. El rostro redondo y eslavo de la muñeca se reproduce en cada autorréplica, y una matroshku con muchas muñecas suele ser cara. Pero su sentido es recordar a la generación de mujeres...Simboliza la genealogía femenina de una familia, en la que la última descendiente es la más grande....Un real árbol genealógico ,pero a la rusa,que no deja de ser simpático para todas las matronas alrededor del mundo. |