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Las Historias recopiladas del 4 romano de rolex y la relojeria
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4 de 4 usuarios encontraron útil esta guía.
Modificada el 06/05/2008

Tras una consulta de un cliente

Tras una consulta de un cliente sobre el error de rolex escribiendo el 4 romano como IIII, error que en un principio adjudicamos a una repintada del cuadrante, nos insito a que buscáramos en Internet respuesta a este error y resulto que no un error sino una tradición histórica estos son algunos escritos encontrados en la web.




Manuel V.

El sistema numérico de los romanos fue derivado, según investigaciones arqueológicas, del utilizado por los etruscos, una civilización que habitó Italia entre los siglos VII y IV antes de Cristo. Los romanos utilizaron este sistema, que se basaba en el método aditivo. I y I eran II, V y II eran VII, y II y II eran IIII. El número para 40 era XXXX y el nueve era representado como VIIII. Con el tiempo, los romanos empezaron a utilizar el método sustractivo, en el que un número anterior resta su cantidad a la siguiente. Así, en lugar de escribir 9 como la suma de 5 y 4 (VIIII) se escribió como la resta de 10 menos 1 (IX). La ventaja de este método era que acortaba la notación de los números, pues se usaban menos símbolos. De esta forma el número IIII pasó a ser IV.

El sistema sustractivo fue utilizado en los tiempos del Imperio Romano. Pero si se había hecho esta reforma, ¿por qué se utilizó la notación del IIII en vez del IV en los relojes medievales? De hecho, el 4 es el único número que se representa de esta forma, pues el nueve es representado como IX, y no como VIIII.

Entre las razones por las que se aduce que el sistema aditivo está el de la confusión que se puede producir entre el número IV y el número III, ambos escritos con tres trazos. La confusión se acentúa al estar ambos inclinados por su posición en el círculo de la cara del reloj. Al escribirse como IIII se marcaba mejor la diferencia.

Otra explicación dice que al escribirse el 4 de este modo le daba simetría al estar frente al número 8 (VIII) que se encuentra al otro lado del reloj. El V no balancea al VII pues no tienen notaciones alternativas. El X y el II tienen ambos dos trazos y en el caso del IX lo forman tres líneas al igual que el III.

Por otro lado, el uso del método aditivo estuvo aparentemente de moda durante la época alrededor del siglo XII en Inglaterra. En un manuscrito de esta época, que se encuentra en la Biblioteca de la Catedral de Wells, se muestra un listado de reyes ingleses, e incluyen, según está anotado, a Adelardus xiiii, Edouardus xxiiii, pero también está escrito el nombre de Aylredus ix (no viii). Así que los relojes que incluyen el número IIII probablemente sigan la costumbre de los escribas medievales.

Aún hay otras teorías que tratan de explicar esta costumbre. Según una historia (probablemente apócrifa), el rey Carlos V de Inglaterra regañó a un fabricante de relojes por haber escrito el 4 como IV. El relojero replicó que era así como se escribía, pero Carlos V respondió: "El Rey nunca se equivoca". Por consiguiente se debió continuar el uso del IIII. Una historia semejante se cuenta sobre el rey Luis XIV de Francia.

Según otra explicación, se quiso evitar el uso del IV, pues en latín era como empezaba el nombre del dios Júpiter (Ivppiter), y se consideró blasfemo usarlo en los relojes de las iglesias. Los mismos romanos, por respeto a su dios, no escribían el número IV en los relojes de sol, sino que usaban IIII.

En todo caso, el uso del método aditivo para el 4 no es universal, aunque sí bastante común. En muchos relojes se puede encontrar este número escrito como IV, como el famoso reloj del Big Ben, en Londres, Inglaterra.







W.I. Milham

Existe una historia de un famoso relojero que ha construido un reloj para Luis XIV, rey de Francia. El relojero había usado, naturalmente, IV para en cuatro. Cuando el reloj fue visto por el rey, este aclaró que debió ser usado IIII en lugar de IV. Cuando se le explicó que IV era correcto, él aún insistió, de manera que no había nada que hacer para cambiar el dial del reloj. Esto introdujo la costumbre de usar IIII para cuatro.

Esto es. Probablemente, solo una historia pues IIII apareció mucho antes de Luis XIV; además, la historia se cuenta en relación a muchos monarcas.

Hay una razón por la que IIII simboliza el cuatro, y es que este es preferible al IV pues el VIII es el más pesado al consistir en cuatro palos pesados y uno liviano; destruiría la asimetría tener el IV con solo dos palos pesados y uno liviano.





Jeorg Hans

La discusión que se plantea en una revista alemana de relojes sostiene que, si miramos los numerales opuestos, cada uno de estos pares están en perfecto equilibrio, excepto el pesado VIII y el liviano IV. El balance óptico sería reestablecido si sustituyeramos este IV por IIII.



Ulysess Nardin


Ray Mialki

La razón no está a la vista. Usar IIII se debe al proceso de construcción de los numerales. Desde que algunos numerales fueron construidos de metal, madera o hueso, se necesitan veinte I y cuatro X si usamos IIII para cuatro.






Tom Frank

Según un profesor de latín, la razón se debe a que el nombre del Dios romano Júpiter se simboliza IV (La v siendo la u, y la I la J, como una suerte de abreviatura)






Jeffrey Harvey

Aparentemente, IV es una abreviatura de "Jupiter" en tiempos romanos. Entonces decidieron usar IIII para que los relojes públicos no digan "1 2 3 dios 5".



Alan Heldman

La única teoría que no ha sido mencionada es la que me parece más probable: los clásicos que estudiaron la lengua romana dicen que IIII era la forma predominante en esos tiempos. Lo que resulta interesante es que, el reloj más famoso del mundo (el "Big Ben") usa la forma IV.





Guus van Pelt

Creo que debe existir otra versión. Creo que podría explicarse el uso de IIII, si afirmamos que la construcción de un dial tiene cuatro indicadores de hora usando un I, cuatro que usan V y cuatro que usan una X. ¿No es hermoso y simétrico?








Testigos del tiempo
Algunos relojes de Guatemala son verdaderas antigüedades que deben ser conservadas.

Texto: Liliana Pellicer
Fotos: Carlos Sebastian

El tic tac de los relojes indica el inalterable paso del tiempo. Un tiempo que fluye y se convierte en pasado; un pasado narrado que se convierte en historia.

Los relojes no sólo miden este devenir histórico, también forman parte de él. Sucesos como los terremotos de 1917 y 1976; y las diferentes convulsiones políticas y cambios de gobierno que se han vivido en Guatemala han marcado la vida de este país.

Y los relojes, testigos de todo ello, han sufrido las consecuencias de estos acontecimientos.

En 1965 nació el Reloj de Flores, una mezcla de jardín y mecánica.

Algunos de los que aún hoy, como siempre, continúan dando la hora son los de la Merced, la Catedral, el Instituto Central para Varones y el de Flores, en la capital; y el de el Arco de Santa Catarina, en Antigua.

Flores que marcan las horas



Durante la alcaldía de Francisco Montenegro Sierra, en un intento de hacer más agradable el centro de la capital, se emprendieron ambiciosos proyectos de ajardinamiento. Como resultado de esta iniciativa nació, en 1965, el Reloj de Flores.


Existen muy pocos de estas características en el mundo, de hecho, hay que viajar hasta México o Miami para encontrar otro similar. La razón de esta originalidad se encuentra en que es una mezcla de jardín y mecánica, lo que hace aún más difícil su conservación.

?El mantenimiento de este reloj tiene dos fases?, comenta María José Salas, portavoz de la Municipalidad de Ciudad de Guatemala.

?Por un lado, hay que cuidar las plantas y, por otro, poner a punto la maquinaria?, añade.

Sin embargo, conservar este reloj en buen estado es difícil ya que, al encontrarse al aire libre, se resiente de los cambios climáticos.

?El sol y el sereno le hacen mucho daño?, analiza Miguel Ángel Pérez, encargado del mantenimiento del Reloj de Flores. ?Eso, unido a su antigüedad, han tenido como consecuencia un adelanto de 7 a 8 minutos diarios que me obligan a ponerlo en hora a menudo?, agrega.



Han pasado cerca de 40 años desde su colocación y ya queda lejos el tiempo en el que se pretendía, por su cercanía al aeropuerto, que los visitantes que llegaran a Guatemala pudieran apreciar, desde el cielo, la hora que marcaba el Reloj de Flores.

El más antiguo

Situado en la torre del Instituto Central para Varones en la zona 1 de la capital, se encuentra el reloj más antiguo. Fabricado en 1921 en Alemania por la marca Weule, llegó a Guatemala en 1923 y su función fue reemplazar al anterior, destruido en el terremoto de 1917 y que databa del año 1864.

Desde su instalación hasta el siguiente seismo, el 4 febrero de 1976, funcionó bien, sin embargo, después de la sacudida tuvo que sustituirse el péndulo. A mediados de la década de 1980 dejó de funcionar por falta de mantenimiento, pero en 2001, a instancias de un proyecto de Otto René López Orellana, ex alumno del Instituto, se inició su restauración por Bruno Hahmann Kaehler, que terminó en abril del 2003 con ajustes finales en marzo del 2004.

Tiene 4 patas de hierro que miden 61cm cada una y un asiento de 34 x 62.5 x 8.89cm. Su platina principal mide 49 x 49 cm y el ancho entre las dos platinas es de 14.5 cm.

Su mecanismo es antiguo y, por ello, es tratado con mucho cuidado. Debe dársele cuerda una vez cada ocho días a la misma hora exacta ya que existe un leve desfase entre las carátulas.

¿Ha notado que el número cuatro romano del reloj de la Catedral no está escrito ?IV? sino ?IIII?

El más joven

El reloj situado en el campanario de la iglesia de La Merced no es de los más antiguos de Guatemala, pues tiene tan sólo alrededor de 10 años. Sin embargo, su historia es más larga de lo que pudiera parecer a simple vista.

Un reloj del siglo XIX coronó la torre de esta iglesia durante más de un siglo hasta que, tras el terremoto de 1917 se derrumbó el edificio. Las labores de reconstrucción no se emprendieron hasta que se superó el siguiente terremoto que convulsionó a este país, en 1976.

Una vez se reedificó la iglesia, todavía pasaron varios años hasta que los padres jesuitas se decidieran a traer, desde Estados Unidos, el reloj que hoy marca las horas en ese sector de la zona 1 capitalina.


La hora del terremoto

En la Catedral de Ciudad de Guatemala no existe un reloj sino cinco: uno en cada una de las cuatro torres y el central. La historia de éstos es parecida a la de otros. En 1917 toda la parte alta de este monumento cayó a consecuencia de las sacudidas del terremoto y, con las torres, cayeron también los relojes. No se restituyeron hasta 1954, 24 años después del inicio de la reconstrucción de la catedral.

Más tarde, el siguiente terremoto que sufrió el país, aunque tuvo consecuencias menos nocivas para la estructura del edificio, estropeó estos relojes. Uno de ellos, el situado en la torre norte, se convirtió en protagonista de la actualidad de la época al pararse justo en el momento en que aconteció la sacudida: a las tres y tres minutos.

Una de las características de estos relojes es que, durante años, cada vez que se alcanza una hora punta se activa la campana de San José que, con sus 4.000 libras de peso en bronce, avisa a la ciudad del cambio horario.

No es éste su único rasgo distintivo. Los números de estos relojes están correctamente escritos en números romanos, excepto el cuatro que, en lugar de aparecer como IV, está representado con cuatro palos (IIII).

Las labores de conservación de estos relojes son básicas: engrase, puesta a punto y restituir algún cable dañado de vez en cuando; y, durante más de 30 años y hasta hace tres meses, se encargó de esta tarea el relojero Juan Alberto Vázquez.

Muy pocos tienen acceso al mecanismo del reloj más emblemático de Antigua Guatemala.

Un reloj francés

Cada tres días, Rodrigo Gaitán se encarga de ?dar cuerda?, literalmente, al reloj del Arco de Santa Catarina, en Antigua Guatemala. Dicho reloj fue dañado por el terremoto de 1976 y permaneció sin funcionar hasta 1991, cuando Rodrigo y su padre Rafael Gaitán, lo repararon.

¿Cómo funciona? Hay tres cilindros de plomo, que pesan más de 200 libras cada uno, que son los que mueven los mecanismos del reloj: para horas, minutos y campanas. Por medio de poleas, estas masas de plomo van bajando y con ello mueven los engranajes.

Gaitán se encarga de regresar las masas de plomo cada 3 días, tiempo que tardan en desenrrollarse las cuerdas. De allí la expresión ?dar cuerda?.

Según su experiencia, Rodrigo Gaitán estima que este reloj data de finales del siglo XIX. Es de marca Lamy & Lacroix, aunque ésta sólo es visible en el interior del recinto.

El arco de Santa Catalina no tenía, originalmente, un reloj, puesto que fue construido hacia 1693, como parte del Convento del mismo nombre, para que sirviera de paso a las monjas, sin que éstas tuvieran que salir a la calle. El terremoto de 1773 lo dañó gravemente, sin embargo fue reconstruido.

El reloj fue agregado posteriormente, durante la época del general Jorge Ubico.

Rodrigo Gaitán ha hecho otras restauraciones de grandes relojes, como el de Asunción Mita, Jutiapa. Señala que, por lo general, los aparatos se han dañado por la falta de lubricación, el excesivo polvo y al darles cuerda sin el debido cuidado. Antes de restaurar el de Santa Catarina, se planteó la opción de instalar uno eléctrico, lo cual fue rechazado.

Estos son algunas recopilaciones con sus autores. Agradecemos el interes que nos llevo a que hagamos esta recopilacion de historias sobre relojes.

Saludos
La Casa de las Alianzas Rosario Argentina.

Palabras Clave: Relojes | Historia | Romanos | Numeros | 4
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