Un legado del Lejano Oriente
Como muchas invenciones de gran sabiduría, la porcelana, el más bello, más delicado de los materiales que ha creado el hombre, nos llegó de Oriente.
La primera verdadera porcelana, también llamada porcelana de pasta dura, se confeccionó probablemente a base de una mezcla de caolín (silicato de aluminio) y petunsé (silicato de aluminio y potasio) a finales del siglo VI.
La mayor parte de las piezas que se han conservado de ese período representan a personas y animales y han sido encontradas en tumbas.
Entonces se creía que una persona distinguida debía entrar en el más allá provista de enseres, sirvientes y ganado.
La belleza de aquella materia mágica, su delicadeza y su traslucidez despertaron la admiración y la codicia en las cortes del mundo. Incansables caravanas transportaban la frágil mercancía por la Ruta de la Seda hasta los países islámicos e incluso a Europa.
Marco Polo, al regresar del Asia Central a finales del siglo XIII, escribió con entusiasmo sobre este noble material que en Italia se llamaba porceletta.
Sin embargo, fueron los portugueses, los grandes navegantes de la época, quienes crearon la palabra "porcelana" aludiendo a la concha del cauri, por su superficie blanca, fosforescente y también por la utilización del cauri como moneda. Después el término se tradujo a varias lenguas europeas.
La porcelana llega a las cortes europeas
En el siglo XVI, después de que los europeos descubrieran cómo llegar al Lejano Oriente por mar, se estableció un animado comercio. Monarcas y aristócratas creaban estancias en sus palacios, especialmente diseñadas para lucir sus, a menudo, inmensas colecciones.
También las familias de la alta sociedad habían adoptado la costumbre de tomar té, café o chocolate, y la elección de la vajilla se convertía en una cuestión de prestigio. No es de extrañar pues, que en las manufacturas europeas de cerámica, igual que una fiebre, se difundiera el afán por encontrar el secreto de los orientales.
La porcelana se elabora en Europa/Las grandes manufacturas
El químico alemán Johann Friedrich Böttger consiguió producir la primera porcelana de pasta dura europea que fuera equiparable en calidad a la de procedencia oriental. Este descubrimiento provocó la fundación de la manufactura de Meissen, en 1710, cuya hegemonía en la creación de porcelanas de pasta dura se prolongó durante casi un siglo. Su éxito se debe en parte a los artistas que decoraban las piezas con especial dedicación y gran refinamiento.
Las fábricas francesas de Sèvres y de Vincennes, igual que Meissen en Alemania, gozaban de la ayuda estatal y podían dedicarse a la producción de artículos suntuarios. Sus artistas introdujeron nuevos y sinuosos diseños rococó, con ricos colores de fondo.
La evolución hasta nuestro tiempo
Después de que las manufacturas pioneras perdieran su posición eminente, muchos fabricantes nuevos, en toda Europa, prosiguieron la tradición de la porcelana. Entre todos, el nombre de Lladró destaca de manera especial. Al haber creado un estilo propio, ha ido enriqueciendo el patrimonio cultural artístico que nos fue legado por Oriente.
Las esculturas de Lladró son herederas de una tradición milenaria conservando todas las cualidades de las primeras piezas. Los tres hermanos Lladró siempre han buscado nuevos caminos en la creación artística dotando sus obras de una gran sensibilidad que las distingue.