Guía para entender a Mecedonio Fernández
Cursó estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Compañero y amigo íntimo del padre de Jorge Luis Borges, don Jorge Borges, compartió con él estudios de psicología; materia que Macedonio discutirá luego con William James a través de una correspondencia de largos años. Comenzó a escribir artículos para diarios y revistas en 1896, donde comenzó a perfilarse como vanguardista. Publicó poemas en la primera época de la revista literaria Martín Fierro y en Proa, así como en otras ediciones periodísticas de su época. En 1920, a la muerte de su esposa Elena de Obieta, Macedonio abandonó su profesión de abogado y vivió con muy pocos recursos en la ciudad y en el campo.

Su primer libro No todo es vigilia la de los ojos abiertos -largo ensayo metafísico- se publicó en 1928. En 1947 deja de vivir en casas de pensión o de amigos para residir con su hijo Adolfo. Medita, escribe, toca la guitarra, oye música, es visitado por Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez y Luisa Sofovich. Argentino de varias generaciones, poeta profundo e inquietante -como corresponde serlo a todo filósofo- este "brujo cultural" que no cree en la muerte de los que aman, ni en la vida de los que no aman, "muere" el 10 de febrero de 1952, sereno y lúcido hasta último momento
Obras
Publica en 1904 algunos poemas en la revista Martín Fierro. En 1910 obtiene el cargo de Fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas, que desempeña durante algunos años.
En 1928 se edita No toda es vigilia la de los ojos abiertos, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Publica al año siguiente Papeles de Recienvenido. Durante este período, se preocupa por crear expectativas respecto a la posible aparición de la novela Museo de la Novela de la Eterna. En 1938 publica "Novela de Eterna" y la Niña del dolor, la "Dulce-persona" de un amor que no fue sabido, anticipación de Museo de la Novela de la Eterna.
Tres años más tarde publica en Chile Una novela que comienza.
En 1944 se publica una nueva edición de Papeles de Recienvenido.
No toda es vigilia la de los ojos abiertos. Buenos Aires, Manuel Gleizer, 1928.
Papeles de Recienvenido. Buenos Aires, Cuadernos del Plata, 1929.
Una novela que comienza. Prólogo de Luis Alberto Sánchez. Santiago de Chile, Ercilla, c. 1940, port. 1941.
Poemas. Prólogo de Natalicio González. México, Guarania, 1953.
Museo de la Novela de la Eterna. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
No toda es vigilia la de los ojos abiertos y otros escritos. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
Cuadernos de todo y nada. Buenos Aires, Corregidor, 1972. 2a. ed. 1990.
Teorías. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1974 (Obras completas, vol. III).
Adriana Buenos Aires; última novela mala. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol V).
Museo de la Novela de la Eterna; primera novela buena. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol VI).
Epistolario. Ordenación y notas de Alicia Borinsky. Buenos Aires, Corregidor, 1976. (Obras completas, vol. II).

Los intelectuales y Macedonio
Ramón Gómez de la Serna acerca de Macedonio:
Pero entre esa mezcla que tiene todos los matices, hay un literato singular, el que más admiro yo, porque ha reunido la arquitectura del pensamiento y la lengua española a la arquitectura criolla, Macedonio Fernández, que lleva sesenta años sin ser visto, haciéndose el viejo para justificar su jubilación, que comenzó a los dieciséis años, cuando es el precursor de todos
Palabras de despedida de Jorge Luis Borges en el entierro de Macedonio
Definir a Macedonio Fernández parece una empresa imposible; es como definir el rojo en términos de otro color; entiendo que el epíteto genial, por lo que afirma y lo que excluye, es quizá el más preciso que puede hallarse. Macedonio perdurara en su obra y como centro de una cariñosa mitología. Una de las felicidades de mi vida es haber sido amigo de Macedonio, es haberlo visto vivir.

Poemas
Creía Yo
No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere. Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
Hay Un Morir
No me lleves a sombras de la muerte Adonde se hará sombra mi vida, Donde sólo se vive el haber sido. No quiero el vivir del recuerdo. Dame otros días como éstos de la vida. Oh no tan pronto hagas De mí un ausente Y el ausente de mí. ¡Que no te lleves mi Hoy! Quisiera estarme todavía en mí.
Hay un morir si de unos ojos Se voltea la mirada de amor Y queda sólo el mirar del vivir. Es el mirar de sombras de la Muerte. No es Muerte la libadora de mejillas, Esto es Muerte. Olvido en ojos mirantes.
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