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Arcillas (máscaras/arcillas/fango)
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Modificada el 28/11/2008

Quien haya visitado alguna vez un museo con sorprendentes esculturas, o haya experimentado con sus propias manos el mundo de la alfarería, sabe que en este o en aquel lugar hay casi tanto arte como arcilla. A esta asombrosa aliada de nuestra Tierra a veces se la encuentra en el subsuelo de huertos y jardines, como a un metro de profundidad, pero por lo general se la extrae de canteras. De cualquier manera, existen numerosas variedades de distintos colores y características. Y para que no perdamos nuestra capacidad de asombro, también la ingestión de arcilla ?disuelta en agua- puede resultar una cura casi ?milagrosa?.

 

Fuente de la naturaleza, peculiar, simple y hasta elemental. Esta modalidad en que la tierra se nos presenta en forma de arcilla ha despertado la inquietud de muchas poblaciones humanas, antes y después de descubrir sus variados fines curativos y terapéuticos. Por ejemplo, ya los egipcios la empleaban en la momificación de sus muertos como un rito de curación, los griegos resaltaban sus propiedades vitales en sus colecciones de historia natural y hasta los príncipes la piropeaban por su ?extraordinario vigor?.

Con tantos laureles ganados, sin embargo, se pensaba que esos pueblos antiguos recurrían a las arcillas porque carecían de medicamentos más activos, como los que disponemos hoy en día. Pero, poco a poco, fue teniendo más adeptos y es cada vez mayor el número de personas que empiezan a ser conscientes de sus múltiples propiedades curativas.

Una de estas donaciones a nuestro bienestar es que, sin duda alguna, la estructura micromolecular de la arcilla explica su extraordinaria acción absorbente. Tiene el poder de atraer y de absorber, o bien de estimular la

evacuación de elementos tóxicos, por lo que resulta una sublime purificadora y enriquecedora de la sangre.

Puede utilizarse tanto interna como externamente. Aplicada en forma de emplastos y compresas, reporta numerosos beneficios. Puede curar las llagas y las úlceras, además de contribuir a la reconstrucción de células y tejidos sanos, e incluso de huesos y vértebras fracturados.

Si se toma por vía oral, provoca un efecto multilateral. En casos de trastornos orgánicos, su intensa actividad elimina y destruye las células enfermas y activa la reconstrucción de otras sanas. Todo elemento enfermo del organismo que emita radiaciones negativas se ve irresistiblemente atraído por la arcilla (un destacado polo positivo). Para la medicina tradicional pecaríamos de osadía, pero lo cierto es que la muy sabia conserva una importante cantidad de energía de esa potente unidad magnética que es el planeta Tierra.

 

Tratamientos con arcillas

Alguna vez, ¿pensamos qué actitud tomaríamos si nos tentara la curiosidad o un llamado consciente a conectarnos con la Tierra? Parece ser que no tendríamos más que despertarnos a las bondades de algo diferente y nuevo.

En algunos herbolarios y tiendas de productos naturales, también en alfarerías y en las propias canteras de las que se extrae, podemos abastecernos de las arcillas.

Las hay verdes, rojas, amarillas, grises y blancas. Es importante averiguar cuál es la que mejor se adecua a nuestra dolencia o temperamento y recordar que cuando usamos productos naturales no estamos recurriendo a una sustancia inerte, sino a la propia vida. Antes de utilizarla, es conveniente que haya estado suficientemente expuesta al sol. No obstante, para su almacenamiento son mejores los lugares frescos y oscuros.

Asimismo, y para obtener un mejor resultado, se aconseja que al comenzar un tratamiento con arcillas se haga un mínimo de diez infusiones purificadoras previamente y se siga una alimentación sana, basada fundamentalmente en verduras y frutas, y desprovista de carnes, azúcar, alcohol y sustancias químicas.

 

Usos internos y externos
de las arcillas

La idea de tomar la arcilla por vía oral ya resulta aceptable y no provoca sentimientos de repulsión, como ocurría en otros tiempos. Como se modifica a sí misma, sus efectos varían según el método de preparación y según la forma de aplicarla o de beberla. No hay necesidad de absorber grandes cantidades de arcilla; una cucharadita es una dosis más que suficiente.
Y si bien es importante que en estos tratamientos nuestro organismo sea quien nos dé la aprobación, él lo hará a su propio ritmo, aunque son altas las probabilidades de conseguir resultados muy favorables en la recuperación de órganos y funciones orgánicas definidas. ¿Cómo lo hace? Supliendo los elementos que faltan y ayudando al organismo a fijar y asimilar aquellos de los que anteriormente carecía.

Con relación a los usos externos de las arcillas, las preparaciones dependen de los fines para los cuales será utilizada: revitalización, reconstrucción ósea o aplicaciones (emplastos) en órganos más profundos, tales como vesícula, hígado o riñones. En estos casos la arcilla ejerce sus beneficios gracias a su poderosa acción de drenaje y por atraer sustancias de radiación negativa.
Conocida también como ?la tierra viva?, actualmente esta hija de nuestra Tierra tiene en su haber otros usos que quien se atreve a sus beldades sabrá contarnos: beneficios durante el embarazo y el post parto, notables alivios para los tan mentados dolores de cabeza, e incluso resultados óptimos en etapas posteriores a las cirugías.

A esta altura, poniendo a prueba tu osadía te preguntarás ¿Cómo puede un remedio tan sencillo y barato desempeñar acciones tan complejas, como curar una herida, recomponer tejidos o vaciar un absceso? En el mundo globalizado de hoy están los escépticos y están los que se atreven a probar nuevos beneficios para sus vidas, experimentando primero con sus pequeñas dolencias y, según cómo su organismo responda, van confiando más en la efectividad de los productos naturales. Así las cosas, más allá de que los resultados no son muy aceptados por el mundo científico, las otras respuestas siguen su propio curso, como los ríos en la naturaleza, y se moldean como las esculturas en el arte, a su tiempo, en forma de arcilla.

Fuente: Nuevo Tratado de Medicina Natural (Nuestra tierra, nuestra cura) Raymond Dextreit.

Lic. Adriana Del Moral (reseña)
aljabas@yahoo.com.ar

 

 

 

 

 

Palabras Clave: Arcilla | Máscaras | Fango
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